21.-EL ANUNCIO DE LA SALVACIÓN DEBE REALIZARSE EN LA VIDA COTIDIANA.

21.- El anuncio de la salvación debe realizarse en la vida cotidiana             (Domingo, 24/1/21)

Colaboración semanal en clave misionera de Don Antonio Evans Martos, Delegado misiones en Córdoba. España.

Jesús encontró a sus primeros discípulos en la orilla del lago de Galilea, mientras estaban ocupados en su trabajo. No los encontró en un convento, ni en un seminario de formación, ni en el templo. Desde siempre, el anuncio de salvación de Jesús llega a las personas allí donde se encuentran y así como son en la vida de cada día.

La vida ordinaria de todos, la participación en las necesidades, esperanzas y problemas de todos, es el lugar y la condición en la que quien ha reconocido el amor de Cristo y ha recibido el don del Espíritu Santo puede dar razón a quien le pregunte de la fe, de la esperanza y de la caridad. Caminando juntos, con los demás.

Principalmente en este tiempo en el que vivimos, no se trata de inventar itinerarios de adiestramiento “dedicados”, de crear mundos paralelos, de construir burbujas mediáticas en las que hacer resonar los propios eslóganes, las propias declaraciones de intenciones, reducidas a tranquilizadores “nominalismos declaratorios”.

El papa Francisco nos ha recordado en distintas ocasiones -a modo de ejemplo-, que en la Iglesia hay quien no para de evocar enfáticamente el eslogan: “Es la hora de los laicos”, pero mientras tanto parece que el reloj se le hubiera parado. Ciertamente se trata de santificar y santificarse en la vida ordinaria, en lo cotidiano; que el objetivo de los laicos en la consagración de su familia, de su profesión, su ocio, etc., etc. A fin de cuentas, de consagrar la vida.

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