Charla Domund 2017. Córdoba

«Sé valiente la misión te espera»

Don Antonio Evans Martos. Delegado Episcopal de Misiones. Córdoba

  • El Domund nos convoca en torno a la persona de Jesús, «el primero y el más grande evangelizador» (EN, 7), que nos llama continuamente a anunciar el Evangelio del amor de Dios Padre con la fuerza del Espíritu Santo.

  • Invita a reflexionar sobre la misión en el corazón de la fe cristiana.

  • De hecho, la Iglesia es misionera por naturaleza;

  • Si no lo fuera, sería sólo una asociación entre muchas otras, que terminaría rápidamente agotando su propósito y desapareciendo.

  • Invita a hacernos algunas preguntas que tocan nuestra identidad cristiana y nuestras responsabilidades como creyentes, en un mundo confundido por tantas ilusiones, herido por grandes frustraciones y desgarrado por numerosas guerras fratricidas, que afectan de forma injusta sobre todo a los inocentes. ¿Cuál es el fundamento, el corazón y las actitudes vitales de la misión?

  • El lema de este año «Sé valiente la misión te espera» es una llamada a superar el miedo, la indiferencia y la vergüenza, y cumplir con nuestra misión evangelizadora, con la opción preferencial por los más alejados, pobres y necesitados.

I.- ¿CUÁL ES EL FUNDAMENTO DE LA MISIÓN?:

  • El fundamento de la misión es el poder transformador del Evangelio de Cristo Camino, Verdad y Vida.

  • El Evangelio es la Buena Nueva que trae consigo una alegría contagiosa, porque contiene y ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, el cual, comunicando su Espíritu dador de vida, se convierte en Camino, Verdad y Vida por nosotros (cf. Jn 14,6).

  • Es Camino que nos invita a seguirlo con confianza y valor.

  • Al seguir a Jesús como nuestro Camino, experimentamos la Verdad…

  • Y recibimos su Vida, que es la plena comunión con Dios Padre en la fuerza del Espíritu Santo.

  • Siendo esa fuerza en el Espíritu la que nos libera de toda forma de egoísmo y es fuente de creatividad en el amor.

  • Dios Padre desea esta transformación existencial de sus hijos e hijas, que se expresa:

  • Como culto en espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23-24).

  • En una vida animada por el Espíritu Santo en la imitación del Hijo Jesús, para gloria de Dios Padre. «La gloria de Dios es el hombre viviente» (S. Ireneo).

  • De este modo, el anuncio del Evangelio se convierte en palabra viva y eficaz que realiza lo que proclama (cf. Is 55,10-11), es decir Jesucristo, el cual continuamente se hace carne en cada situación humana (cf. Jn 1,14).

 

II.- ¿CUÁL ES EL CORAZÓN DE LA MISIÓN?:

  • La misión de la Iglesia no es la propagación de una ideología religiosa, ni tampoco la propuesta de una ética sublime. Muchos movimientos del mundo saben proponer grandes ideales o expresiones éticas sublimes.

  • A través de la misión de la Iglesia, del anuncio el Evangelio:

  • Jesucristo sigue evangelizando y actuando; por eso, ella representa el kairos, el tiempo propicio de la salvación en la historia.

  • Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación, como la lluvia lo hace con la tierra.

«Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable» (Eg, 276).

  • Recordemos siempre que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (DC, 1).

  • El Evangelio es una persona, que continuamente se ofrece e invita a los que la reciben con fe humilde y laboriosa a compartir su vida mediante la participación efectiva en su misterio pascual de muerte y resurrección.

  • El Evangelio se convierte así:

  • Por medio del Bautismo, en fuente de vida nueva, libre del dominio del pecado, iluminada y transformada por el Espíritu Santo.

  • Por medio de la Confirmación, en unción fortalecedora que, gracias al mismo Espíritu, indica caminos y estrategias nuevas de testimonio y de proximidad.

  • Y por medio de la Eucaristía, en el alimento del hombre nuevo, «medicina de inmortalidad» (Ignacio de Antioquía, Epístola ad Ephesios, 20,2).

  • El mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión:

  • De Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad.

  • Y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta.

Gracias a Dios no faltan experiencias significativas que dan testimonio de la fuerza transformadora del Evangelio…. Muchos, numerosísimos testimonios de cómo el Evangelio ayuda a superar la cerrazón, los conflictos, el racismo, el tribalismo, promoviendo en todas partes y entre todos la reconciliación, la fraternidad y el saber compartir.

III.- ¿CUÁLES SON LAS ACTITUDES VITALES DE LA MISIÓN?:

  • La misión inspira una espiritualidad de continuo éxodo, peregrinación y exilio:

  • De éxodo continuo: se trata de «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (Eg, 20).

  • De continua peregrinación: a través de los diversos desiertos de la vida, y de las diferentes experiencias de hambre y sed, de verdad y de justicia.

  • De continuo exilio: para hacer sentir al hombre, sediento de infinito, su condición de exiliado en camino hacia la patria final, entre el «ya» y el «todavía no» del Reino.

  • La misión dice a la Iglesia que ella no es un fin en sí misma, sino que es un humilde instrumento y mediación del Reino.

  • Una Iglesia autorreferencial, que se complace en éxitos terrenos, no es la Iglesia de Cristo, no es su cuerpo crucificado y glorioso.

  • Es por eso que debemos preferir «una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» (Eg, 49).

IV.- LLAMADA A LOS JÓVENES Y A TODA LA IGLESIA A TRAVÉS DE OMP:

  • Los jóvenes son la esperanza de la misión. La persona de Jesús y la Buena Nueva proclamada por él siguen fascinando a muchos jóvenes.

  • Ellos buscan caminos en los que poner en práctica el valor y los impulsos del corazón al servicio de la humanidad. «Son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado […]. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean “callejeros de la fe”, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra!» (Eg, 106).

  • El próximo Sínodo «los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», es una oportunidad providencial para involucrar a los jóvenes en la responsabilidad misionera, que necesita de su rica imaginación y creatividad.

  • Las OMP son un instrumento precioso para suscitar en cada comunidad cristiana el deseo de salir de sus propias fronteras y sus seguridades, y remar mar adentro para anunciar el Evangelio a todos.

  • A través de una profunda espiritualidad misionera, que hay que vivir a diario…

  • A través de un compromiso constante de formación y animación misionera…

  • Todos: muchachos, jóvenes, adultos, familias, sacerdotes, religiosos y obispos…

  • Se involucran para que crezca en cada uno un corazón misionero.

El Domund es una ocasión favorable para que el corazón misionero de las comunidades cristianas participe, a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, en la respuesta a las graves y vastas necesidades de la evangelización.

V.- SE NOS INVITA A VIVIR EN PROFUNDIDAD EL OCTUBRE MISIONERO:

  • Orando, la oración es el “alma” de la misión: arrebata, urge y capacita…:

  • Necesitamos un nuevo Pentecostés que nos impregne de urgencia misionera.

  • Acentuar la primacía de la gracia, la capacidad nos viene de Dios

  • Necesidad de potenciar la oración, los sacramentos… como medios de santificación

  • Asumiendo la sabiduría de la cruz, la dinámica de la encarnación, la kénosis…:

  • Con las graves y sangrantes dificultades externas: pobreza, guerra, explotación.

  • Con las dolorosas dificultades internas: secularismo, división, apatía, indiferencia…

  • Con la globalización multiétnica, multicultural, multirreligiosa…

  • Construyendo solidariamente el “banquete de la vida”, comunidad de bienes…:

  • No es dar un donativo, es realizar la misión universal encomendada a toda la Iglesia.

  • Es la visibilización de la opción preferencial por los más pobres, lejanos

  • Desde una vivencia de comunión de bienes.

  • Se entregaron en persona primero al Señor y luego a nosotros… (2Co 8,5):

  • Respondiendo, primero, a la voluntad de Dios (2Co 8,5)…

  • Después, a los retos geográficos, sociales y culturales…

  • Conscientes de que “nadie puede eludir este deber supremo…” (RMi 3)…

  • Teniendo como programa de vida el programa de Jesús, la evangelización.

Don Antonio Evans Martos. Delegado Episcopal de Misiones. Córdoba




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