10.- Responsabilidad misionera de la Iglesia    (Domingo, 4/11/18)

10.- Responsabilidad misionera de la Iglesia    (Domingo, 4/11/18)

El Concilio Vaticano II dio relieve plástico al problema misionero, encuadrándolo en la misma noción de la Iglesia y en el deber de apostolado de cada uno de sus miembros.

Según el Concilio, ningún cristiano, digno de tal nombre, puede eximirse del deber o responsabilidad misionera.

En efecto, si se siente miembro vivo de un cuerpo o de una familia, como es la Iglesia, el anuncio del Evangelio, la revelación de la paternidad de Dios a todos los hombres y su consiguiente salvación, no pueden ser ya un problema facultativo, una obra de misericordia, objeto de limosna ocasional; se resuelve, en cambio, en una cuestión de fe vivida y de personal responsabilidad.

Pero la obra de los misioneros quedaría paralizada si no pudiera contar con una colaboración habitual, asidua, constante, que, proviniendo de la retaguardia, les asegure la posibilidad de vivir, de hacer el bien “hasta que Cristo sea anunciado a todos los pueblos”.

Las Obras Misionales Pontificias asumen esa misión dentro de la Iglesia: poner de relieve precisamente el llamamiento urgente a toda la Iglesia a asumir la misión; ser la voz de los pueblos que piden luz, verdad y gracia; ser la voz de los heraldos del Evangelio que piden ayuda y sustento; ser las voces de los hijos que se elevan al Padre común.

Las Obras Misionales Pontificias son los canales para hacer converger al Padre de todos, la debida contribución de los hijos, porque ellas representan las estructuras constitucionales de la Iglesia: a través de cada uno de los párrocos, los donativos llegan al obispo, y éste los entrega al Papa. No existe cauce más seguro y eficaz de ayudar a las misiones.

Don Antonio Evans Martos, Delegado Episcopal de Misiones. Córdoba-España.

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