22.- Hay que vivir al aire del Espíritu Santo (Domingo, 31/1/16)

22.- Hay que vivir al aire del Espíritu Santo (Domingo, 31/1/16)

montaje22“Para mantener vivo el ardor misionero hace falta una decidida confianza en el Espíritu Santo, porque Él ‘viene en ayuda de nuestra debilidad’ (Rm 8,26). Pero esa confianza generosa tiene que alimentarse y para eso necesitamos invocarlo constantemente” (EG 280), somos mendicantes de su gracia. Es Él quien nos limpia y dirige la mirada para apreciar todo signo de verdad, bien y belleza en la aventura humana, por insignificantes y ambiguos que parezcan. Es Él quien nos permite entrever que hay una espera misteriosa en un encuentro, en un anuncio, en una vida compartida. Es Él quien nos alimenta la certeza, experimentada en la propia vida, de que el Evangelio de Cristo es la respuesta sobreabundante y satisfactoria a las exigencias y anhelos de verdad y de amor, de justicia y de felicidad, que son constitutivos del corazón de toda persona.

“No hay mayor libertad que la de dejarse llevar por el Espíritu, renunciar a calcularlo y controlarlo todo, y permitir que Él nos ilumine, nos guíe, nos oriente, nos impulse hacia donde Él quiera” (EG 280). La misión ad gentes sólo parte y se alimenta de rodillas. Por eso, urge “recuperar un espíritu contemplativo” (EG 264). “Sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga. La Iglesia necesita imperiosamente el pulmón de la oración” (EG 262). “Ninguna motivación será suficiente si no arde en nuestros corazones el fuego del Espíritu” (EG 261). ¡Ser “evangelizadores con Espíritu”!, como enseña el notable capítulo final de la Exhortación apostólica Evangelii gaudium.