CHARLA DOMUND-2020.

CHARLA DE DON ANTONIO EVANS MARTOS PARA EL DOMUND 2020.

I.- INTRODUCIÓN:

  • El papa Francisco da gracias a Dios por la dedicación con que se vivió el Mes Misionero Extraordinario, convencido de que contribuyó:
  • A despertar aún más la conciencia misionera de la missio ad gentes.
  • Y a retomar con nuevo impulso la transformación misionera de la vida y la pastoral:
  • A fin de que todos los fieles lleven en su corazón el anuncio del Evangelio y la conversión misionera y evangelizadora de las propias comunidades;
  • Y para que crezca el amor por la misión, que «es una pasión por Jesús, pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo» (Eg 268).

«AQUÍ ESTOY, ENVÍAME» (Is 6,8)

  • A la par, invita a asumir corresponsablemente los sufrimientos y desafíos causados por la pandemia del COVID-19:
  • Es la respuesta siempre nueva a la llamada que brota del corazón de Dios interpelando a la Iglesia y a la humanidad en la actual crisis mundial.
  • La pandemia nos ha hecho caer en la cuenta de que nos afecta a todos:
  • Todos frágiles y desorientados, a la par que importantes y necesarios; todos llamados a remar juntos, necesitados de confortarnos mutuamente.
  • Todos asustados, desorientados y atemorizados; frágiles, pero conscientes del mismo deseo de vida y de liberación del mal.
  • Es una llamada a la misión, una oportunidad para salir de nosotros y compartir, servir e interceder.
  • Es una llamada a la misión de pasar del yo temeroso y encerrado al yo reencontrado y renovado por el don de si mismo.

II.- ACTUALIZANDO A CRISTO, EL ENVIADO POR EL PADRE:

  • En la cruz nos revela que su misión es encarnar y realizar un amor que es para todos y para cada uno de nosotros.
  • Y nos pide una disponibilidad personal para vivir en un movimiento perenne de misión, siempre saliendo de sí para dar vida.
  • El amor del Padre a los hombres es la razón del envío de Jesús, el misionero del Padre, su persona y su obra están en total obediencia a la voluntad del Padre.
  • Del mismo modo, Jesús, crucificado y resucitado por nosotros (cf Rm4,25)…:
  • Nos atrae en su movimiento de amor.
  • Nos hace discípulos con su Espíritu, que anima a la Iglesia.
  • Y nos envía en misión al mundo y a todos los pueblos.

III.- LA MISIÓN UNIVERSAL ES DE CRISTO A TRAVÉS DE SU IGLESIA:

  • La misión no es una intención, proyecto o programa nuestro, sino que es Cristo que saca a la Iglesia de sí misma, es su Espíritu el que la arrebata, enciende y entrega.
  • Dios siempre nos ama primero y con este amor nos encuentra y nos llama.
  • Nuestra vocación proviene del hecho de ser hijos de Dios en la Iglesia, su familia, hermanos en esa caridad que Jesús nos testimonia.
  • Todos tienen una dignidad humana fundada en la llamada divina a ser hijos de Dios, para convertirse por medio del sacramento del bautismo y por la libertad de la fe en lo que son desde siempre en el corazón de Dios
  • Haber recibido gratuitamente la vida constituye ya una invitación implícita a entrar en la dinámica de la entrega de sí mismo: una semilla que madurará en los bautizados, como respuesta de amor en el matrimonio y en la virginidad por el Reino de Dios.
  • La vida humana nace del amor de Dios, crece en el amor y tiende hacia el amor.
  • Nadie está excluido del amor de Dios, y en el santo sacrificio de Jesús, el Hijo en la cruz, Dios venció el pecado y la muerte (cf. Rm 8,31-39).
  • Para Dios, el mal -incluso el pecado- se convierte en un desafío para amar, y amar cada vez más (cf. Mt 5,38-48; Lc 23,33-34).
  • Por ello, en el misterio pascual, la misericordia divina cura la herida original de la humanidad y se derrama sobre todo el universo.
  • La Iglesia, sacramento universal del amor de Dios para el mundo, continúa la misión de Jesús en la historia y nos envía por doquier para que:
  • A través de nuestro testimonio de fe y el anuncio del Evangelio…
  • Dios siga manifestando su amor…
  • Y pueda tocar y transformar corazones, mentes, cuerpos, sociedades y culturas, en todo lugar y tiempo.
  • La misión es respuesta libre y consciente a la llamada de Dios, pero solo podemos percibirla cuando vivimos una relación personal de amor con Jesús vivo en su Iglesia.
  • Preguntémonos:
  • ¿Estamos listos para recibir la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, para escuchar la llamada a la misión, tanto en la vía del matrimonio como de la virginidad consagrada o del sacerdocio ordenado, como también en la vida ordinaria de todos los días?
  • ¿Estamos dispuestos a ser enviados a cualquier lugar para dar testimonio de nuestra fe en Dios, Padre misericordioso, para proclamar el Evangelio de salvación de Jesucristo, para compartir la vida divina del Espíritu Santo en la edificación de la Iglesia?
  • ¿Estamos prontos, como María, Madre de Jesús, para ponernos al servicio de la voluntad de Dios sin condiciones (cf. Lc 1,38)?
  • Esta disponibilidad interior es muy importante para poder responder a Dios: “Aquí estoy, Señor, mándame” (cf. Is 6,8). Y todo esto no en abstracto, sino en el hoy de la Iglesia y de la historia.

IV.- LA PANDEMIA COVID-19 COMO DESAFÍO A LA MISIÓN:

  • Comprender lo que Dios nos está diciendo en estos tiempos de pandemia también se convierte en un desafío para la misión de la Iglesia.
  • Nos interpelan la enfermedad, el sufrimiento, el miedo y el aislamiento.
  • Nos cuestiona la pobreza de los que mueren solos, de los desahuciados, de los que pierden sus empleos y salarios, de los que no tienen hogar ni comida.
  • Estamos invitados, ahora que tenemos la obligación de mantener la distancia física y de permanecer en casa, a redescubrir que necesitamos relaciones sociales, y también la relación comunitaria con Dios:
  • Debería hacernos más atentos a nuestra forma de relacionarnos con los demás, en vez de aumentar la desconfianza y la indiferencia entre nosotros.
  • Y la necesidad de la oración, mediante la cual Dios toca y mueve nuestro corazón, nos abre a las necesidades de amor, dignidad y libertad de nuestros hermanos, así como al cuidado de toda la creación.
  • En este contexto, la pregunta que Dios hace: «¿A quién voy a enviar?», se renueva y espera nuestra respuesta generosa y convencida: «¡Aquí estoy, mándame!» (Is 6,8). Dios continúa buscando a quién enviar al mundo y a cada pueblo, para testimoniar su amor, su salvación del pecado y la muerte, su liberación del mal (cf. Mt 9,35-38; Lc 10,1-12).
  • La celebración la Jornada Mundial de la Misión también significa
  • Reafirmar cómo la oración, la reflexión y la ayuda material de sus ofrendas son oportunidades para participar activamente en la misión de Jesús en su Iglesia.
  • La caridad del DOMUND tiene como objetivo apoyar la tarea misionera realizada en nombre del Papa por las OMP:
  • Para las necesidades espirituales y materiales de los pueblos y las Iglesias del mundo.
  • Y para la salvación de todos.

V.- VIVIENDO INTENSAMENTE EL OCTUBRE MISIONERO:

  1. Partiendo de la necesidad del encuentro personal con Jesucristo, vivo en su Iglesia a través de la Eucaristía, la palabra de Dios, la oración personal y la comunitaria:
  2. Encuentro con Jesús que ama y perdona, y envía el Espíritu que consuela y defiende.
  3. La salvación solo puede ocurrir a través del encuentro con él, que nos llama.
  4. La alegría de los que se encontraron con Jesús resucitado y corrieron a decirlo…
  5. La misión es una respuesta libre y consciente a la llamada personal de amor de Dios.
  • Contemplando el testimonio de los santos, de los mártires de la misión y de los confesores de la fe, son expresión de la adultez en la fe de las Iglesias repartidas por el mundo:
  • Los que certifican lo que otro ha hecho. Solo así somos testigos de Cristo y su Espíritu.
  • El Espíritu suscita y anima, imprime connotaciones genéticas, hacen del anuncio del Evangelio y de la confesión de la fe algo distinto a cualquiera otra cosa.
  • En medio de esa nube de testigos, ahora nos toca correr la prueba… (cf Hbr 12,1ss).
  • Conscientes de la necesidad de una formación bíblica, catequética, espiritual y teológica sobre missio ad gentes:
    • El testimonio encuentra, en la fe eclesial de los discípulos de Jesús y en su competencia profesional, la articulación y la eficacia de estar en el mundo sin ser de él.
  • El fiel laico debe ser colocado en el centro de las preocupaciones pastorales del anuncio, la vida litúrgica, la formación catequética y la caridad comunitaria.
    • Dios continúa buscando a quién enviar al mundo y a cada pueblo, para testimoniar su amor, su salvación del pecado y la muerte, su liberación del mal.
  • Para realizar la caridad misionera, como apoyo al inmenso trabajo de evangelización, de la missio ad gentes y de la formación cristiana de las Iglesias más necesitadas:
  • Visibilizar la opción preferencial por los más pobres, lejanos.
  • Sostener económicamente la evangelización de los pueblos.