MISION AD GENTES 2017-2018

ARTÍCULOS DE DON ANTONIO EVANS MARTOS

DELEGADO EPISCOPAL DE MISIONES

2017 – 2018

 

 

1.- La misión, en el corazón de la fe cristiana    (Domingo, 3/9/17)

La Iglesia es misionera por naturaleza; si no lo fuera, no sería la Iglesia de Cristo, sino que sería sólo una asociación entre muchas otras, que terminaría rápidamente agotando su propósito y desapareciendo. Por ello, se nos invita a hacernos algunas preguntas que tocan nuestra identidad cristiana y nuestras responsabilidades como creyentes, en un mundo confundido por tantas ilusiones, herido por grandes frustraciones y desgarrado por numerosas guerras fratricidas, que afectan de forma injusta sobre todo a los inocentes. ¿Cuál es el fundamento de la misión? ¿Cuál es el corazón de la misión? ¿Cuáles son las actitudes vitales de la misión?

La misión de la Iglesia, destinada a todas las personas de buena voluntad, está fundada sobre la fuerza transformadora del Evangelio. El Evangelio es la Buena Nueva que trae consigo una alegría contagiosa, porque contiene y ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, el cual, comunicando su Espíritu dador de vida, se convierte en Camino, Verdad y Vida por nosotros (cf. Jn 14,6). Es Camino que nos invita a seguirlo con confianza y valor. Al seguir a Jesús como nuestro Camino, experimentamos la Verdad y recibimos su Vida, que es la plena comunión con Dios Padre en la fuerza del Espíritu Santo, que nos libera de toda forma de egoísmo y es fuente de creatividad en el amor.

Dios Padre desea esta transformación existencial de sus hijos e hijas; transformación que se expresa como culto en espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23-24), en una vida animada por el Espíritu Santo en la imitación del Hijo Jesús, para gloria de Dios Padre. «La gloria de Dios es el hombre viviente» (Ireneo, Adversus haereses IV, 20,7). De este modo, el anuncio del Evangelio se convierte en palabra viva y eficaz que realiza lo que proclama (cf. Is 55,10-11), es decir Jesucristo, el cual continuamente se hace carne en cada situación humana (cf. Jn 1,14).

                        (Del Mensaje del papa Francisco para el Domund 2017)

 

 

2.- La misión de la Iglesia representa el kairos de Cristo (Domingo, 10/9/17)

La misión de la Iglesia no es la propagación de una ideología religiosa, ni tampoco la propuesta de una ética sublime. Muchos movimientos del mundo saben proponer grandes ideales o expresiones éticas sublimes. A través de la misión de la Iglesia, Jesucristo sigue evangelizando y actuando; por eso, ella representa el kairos, el tiempo propicio de la salvación en la historia. A través del anuncio del Evangelio, Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación, como la lluvia lo hace con la tierra. «Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable» (Eg, 276).

Recordemos siempre que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (DC, 1). El Evangelio es una persona, que continuamente se ofrece y continuamente invita a los que la reciben con fe humilde y laboriosa a compartir su vida mediante la participación efectiva en su misterio pascual de muerte y resurrección. El Evangelio se convierte así, por medio del Bautismo, en fuente de vida nueva, libre del dominio del pecado, iluminada y transformada por el Espíritu Santo; por medio de la Confirmación, se hace unción fortalecedora que, gracias al mismo Espíritu, indica caminos y estrategias nuevas de testimonio y de proximidad; y por medio de la Eucaristía se convierte en el alimento del hombre nuevo.

El mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta. Gracias a Dios no faltan experiencias significativas que dan testimonio de la fuerza transformadora del Evangelio. Podemos pensar en muchos, numerosísimos testimonios de cómo el Evangelio ayuda a superar la cerrazón, los conflictos, el racismo, el tribalismo, promoviendo en todas partes y entre todos la reconciliación, la fraternidad y el saber compartir.

                        (Del Mensaje del papa Francisco para el Domund 2017)

 

 

 

3.- La misión inspira una espiritualidad de éxodo continuo, peregrinación y exilio   (Domingo, 17/9/17)

La misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo continuo. Se trata de «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (Eg, 20).

La misión de la Iglesia estimula una actitud de continua peregrinación a través de los diversos desiertos de la vida, a través de las diferentes experiencias de hambre y sed, de verdad y de justicia.

La misión de la Iglesia propone una experiencia de continuo exilio, para hacer sentir al hombre, sediento de infinito, su condición de exiliado en camino hacia la patria final, entre el «ya» y el «todavía no» del Reino de los Cielos.

La misión dice a la Iglesia que ella no es un fin en sí misma, sino que es un humilde instrumento y mediación del Reino. Una Iglesia autorreferencial, que se complace en éxitos terrenos, no es la Iglesia de Cristo, no es su cuerpo crucificado y glorioso. Es por eso que debemos preferir «una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» (Eg, 49).

Los jóvenes son la esperanza de la misión. La persona de Jesús y la Buena Nueva proclamada por él siguen fascinando a muchos jóvenes. Ellos buscan caminos en los que poner en práctica el valor y los impulsos del corazón al servicio de la humanidad. «Son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado […]. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean “callejeros de la fe”, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra!» (Eg, 106). La próxima Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar en el año 2018 sobre el tema «los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», se presenta como una oportunidad providencial para involucrar a los jóvenes en la responsabilidad misionera, que necesita de su rica imaginación y creatividad.

                        (Del Mensaje del papa Francisco para el Domund 2017)

 

 

4.- El servicio de las Obras Misionales Pontificias   (Domingo, 24/09/17)

Las Obras Misionales Pontificias son un instrumento precioso para suscitar en cada comunidad cristiana el deseo de salir de sus propias fronteras y sus seguridades, y remar mar adentro para anunciar el Evangelio a todos.

A través de una profunda espiritualidad misionera, que hay que vivir a diario, de un compromiso constante de formación y animación misionera, muchachos, jóvenes, adultos, familias, sacerdotes, religiosos y obispos se involucran para que crezca en cada uno un corazón misionero.

La Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra de la Propagación de la Fe, es una ocasión favorable para que el corazón misionero de las comunidades cristianas participe, a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, en la respuesta a las graves y vastas necesidades de la evangelización.

Hagamos misión inspirándonos en María, Madre de la evangelización. Ella, movida por el Espíritu, recibió la Palabra de vida en lo más profundo de su fe humilde. Que la Virgen nos ayude a decir nuestro «sí» en la urgencia de hacer resonar la Buena Nueva de Jesús en nuestro tiempo; que nos obtenga un nuevo celo de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte; que interceda por nosotros para que podamos adquirir la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos el don de la salvación.

                        (Del Mensaje del papa Francisco para el Domund 2017)

 

 

5.- Semana de oración por las misiones                     (Domingo, 01/10/17)

Hoy iniciamos el Octubre Misionero como preparación para la celebración de la Jornada Mundial de las Misiones, el Domund. Este año, con el lema «Sé valiente, la misión te espera», nos invita a superar el miedo, la indiferencia y la vergüenza y cumplir nuestra misión evangelizadora, con la opción preferencial por los más alejados, pobres y necesitados.

La misión está en el corazón de la Iglesia, pues la Iglesia es misionera por naturaleza; si no lo fuera –nos dice el Papa Francisco en su Mensaje-, no sería la Iglesia de Cristo, sino que sería sólo una asociación entre muchas otras, que terminaría rápidamente agotando su propósito y desapareciendo.

Se trata de exhortar a todos los cristianos a tener coraje para vivir la misión, para gastarse por el Evangelio, para superar todos los condicionamientos externos e internos que dañan la respuesta generosa a la misión. Se nos pide valentía ¡Hoy es tiempo de valor, se necesita valor!

Muchos son los misioneros que han mostrado una gran valentía para dejar su tierra, su casa, sus costumbres, y aventurarse en otros lugares, muchas veces bastante inseguros, peligrosos o incluso inhóspitos.

Durante esta semana de oración por las misiones, vamos a hacer cada día la oración por los misioneros: «Señor, Dios nuestro, suscita en tu Iglesia misioneros según tu corazón, que vivan en ti, por ti, contigo. Concede a los misioneros paciencia en las pruebas, alegría en las contrariedades, amor a los pobres y a los que sufren, búsqueda de la justicia y de la paz. Haz que vivan en sencillez de vida y en comunión fraterna. Dales la felicidad de ver crecer en tu pueblo la fe, la esperanza y la caridad y de morir a tu servicio»

6.- Semana del sacrificio y dolor compartidos    (Domingo, 8/10/17)

Con el lema «Sé valiente, la misión te espera» se busca exhortar a las comunidades eclesiales, a los fieles cristianos, al Pueblo de Dios, a tener coraje para vivir la misión, entregando generosamente y con valor la fe recibida. Vivir con coraje y valentía la realidad de la misión en el contexto en el que nos encontramos

Hoy iniciamos la semana del sacrificio por las misiones. En ella se invita a los fieles a incorporar a la vida cristiana tres cosas: la experiencia del dolor y del sacrificio, la inmolación como camino que lleva de la muerte a la resurrección, la identificación con Cristo y con los misioneros.

Cristo en la cruz nos enseña a hacer del sufrimiento la gran Pascua liberadora. Solamente la fe, la adoración y el amor pueden hacer que lo vivamos así. “La humillación y el fracaso aceptados, el pequeño fracaso de cada día, la pequeña humillación de cada momento: ésta es nuestra Pascua, porque son participación de la muerte de Jesús y, por esta razón, de su resurrección”. “Cristo al mismo tiempo nos ha enseñado a hacer el bien con el sufrimiento y a hacer el bien a quien sufre” (Salvifici doloris 30)

Invitamos a los enfermos a que se sumen a la oración que el Papa Francisco les proponía en Fátima: «Queridos hermanos, vivid vuestra vida como una gracia y decidle a Nuestra Señora, como los pastorcillos, que queréis ofreceros a Dios con todo el corazón. No os consideréis solamente como destinatarios de la solidaridad caritativa, sino sentíos partícipes de la vida y misión de la Iglesia. Vuestra presencia silenciosa, pero más elocuente que muchas palabras, vuestra oración, el ofrecimiento diario de vuestros sufrimientos, en unión con los de Jesús crucificado por la salvación del mundo, la aceptación paciente y hasta alegre de vuestra condición son un recurso espiritual, un patrimonio para toda la comunidad cristiana. No tengáis vergüenza de ser un tesoro valioso de la Iglesia»

7.- Semana de la cooperación económica   (Domingo, 15/10/17)

Con el lema «Sé valiente, la misión te espera» la Iglesia exhorta a tener coraje y valentía para salir de nosotros mismos, para resistir la tentación de la incredulidad, para gastarnos por los demás y por el Reino, para tomar parte en la actividad misionera de la Iglesia.

A cada uno de nosotros, por el Bautismo, se nos ha confiado la misión de ser testigos valientes en medio de nuestra vida. Ser valiente significa salir de mis seguridades para encontrarme con el otro. Ser valiente es dejarme involucrar y comprometer. Ser valiente es sentirme responsable de la misión ad gentes y colaborar desde la oración y compartiendo mis bienes de manera generosa. Ser valiente es responder a la llamada a implicar mi vida en la evangelización universal. “Yo soy una misión en esta tierra, y para esto estoy en el mundo” (Evangelii gaudium 273). ¿Cuál es mi misión en este mundo? Dios nos habla y a la vez nos llama.

El Domund –nos dice el Papa Francisco en su Mensaje- es una ocasión favorable para que el corazón misionero de las comunidades cristianas participe, a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, en la respuesta a las graves y vastas necesidades de la evangelización.

Esta semana culmina con la celebración del día del Domund. Durante estos días las comunidades cristianas y los fieles son llamados a colaborar con auténtica generosidad con las necesidades materiales de los misioneros, dando un testimonio al mundo de que no nos movemos solo por situaciones catastróficas, sino que, por sistema de vida, vivimos la opción por los más pobres y necesitados a través de nuestros misioneros, y seguimos llevando el Evangelio al mundo entero para construir un mundo de hermanos, como nuestro Padre Dios quiere.

8.- Semana de oración por las vocaciones misioneras    (Domingo, 22/10/17)

Con el lema «Sé valiente, la misión te espera» la Iglesia nos pide valor para retomar el gusto de gastarse por el Evangelio, la confianza en la fuerza que la misión trae consigo, para abrirnos a todos sin disminuir lo absoluto y único de Cristo único salvador de todos, para resistir a la incredulidad sin volvernos arrogantes.

Los jóvenes son la esperanza de la misión –nos dice el Papa Francisco en su Mensaje-. La persona de Jesús y la Buena Nueva proclamada por él siguen fascinando a muchos jóvenes. Ellos buscan caminos en los que poner en práctica el valor y los impulsos del corazón al servicio de la humanidad. «Son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado […]. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean “callejeros de la fe”, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra!» (Eg, 106). El próximo Sínodo «los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», es una oportunidad providencial para involucrar a los jóvenes en la responsabilidad misionera, que necesita de su rica imaginación y creatividad.

Con todo, este mes dedicado a las misiones, tiene que concluir con la certeza de que el Dueño de la mies sigue suscitando vocaciones para la misión en todo el Pueblo de Dios: laicos, sacerdotes y religiosos y religiosas. En el seno de cada comunidad el Señor ha puesto en el corazón de algunos la semilla de la vocación. Es la semana de pensar que tal vez haya una generosa respuesta económica, pero ¿hay vocaciones?: “debemos preguntarnos –dice la encíclica Redemptoris missio por qué en varias naciones, mientras aumentan los donativos, se corre el peligro de que desaparezcan las vocaciones misioneras, las cuales reflejan la verdadera dimensión de la entrega a los hermanos” (79).

 

9.- La Iglesia actualiza la iniciativa amorosa de Dios   (Domingo, 29/10/17)

La caridad, es el alma de la misión. Si la misión no es orientada por la caridad, si no nace de un profundo acto de amor divino, corre el riesgo de reducirse a una mera actividad filantrópica y social:

El amor que Dios tiene por cada persona, constituye el núcleo de la experiencia y del anuncio del Evangelio, y todos cuantos lo acogen se convierten a su vez en testigos.

El amor de Dios, que da vida al mundo, es el amor que nos ha sido dado en Jesús, Palabra de salvación, icono perfecto de la misericordia del Padre celestial.

La clave está en 1 Jn 4,9: “En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él” (1Jn 4,9)

Después de su resurrección, Jesús confió esta misión a su Iglesia (cf Jn 19,20ss).

Desde entonces, la Iglesia continúa esta misma misión, que constituye para todos los creyentes un compromiso irrenunciable y permanente.

Toda comunidad cristiana está llamada a dar a conocer a Dios que es Amor:

La comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado en el amor (cf 1Jn 4,10).

Y, por eso, ella sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos.

Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva.

¡Atrevámonos un poco más a primerear!

 

 

 

10.- La misión es la razón de nuestra vida  (Domingo, 5/11/17)

Desde su infancia Jesús recuerda a sus padres la razón de su existencia (Lc 2,49): cumplir la voluntad de su Padre. Esa es su razón de ser y existir: ser el rostro visible de Dios, la voz que anuncie su mensaje. Y, por eso, permanecerá obediente en Nazaret creciendo en edad, sabi­du­ría y gracia.

Su vida pública es definida desde la misión (Mt 4,23; Lc 4,14ss), tiene la dinámica del éxodo y del don, del salir de sí, del caminar y sembrar siempre de nuevo, siempre más allá (cf Mc 1,38). Cuando está sembrada la semilla en un lugar, ya no se detiene para explicar mejor o para hacer más signos allí, sino que el Espíritu lo mueve a salir hacia otros pueblos.

Jesús ‘ve’ la necesidad, ‘siente’ la urgencia, y ‘envía’ en su nombre (Lc 10,1ss). Las exigencias del seguimiento no son solamente para los apóstoles, sino para todos. Todos somos responsables de la misión, todos debemos vivir disponibles para cumplir la voluntad salvífica de Dios.

El mandato de Jesús recoge, confirma y concreta el dinamismo misionero desencadenado por el Amor fontal del Padre que envía a su Hijo al mundo como salvador, ungido y enviado por el Espíritu. El Espíritu es el misterioso intercambio de amor entre el Padre y el Hijo y se manifiesta, se derrama, como “enviado”, como misión de Dios hacia afuera.

De esta misión del Hijo y de este empuje del Espíritu, nace y vive la misión de la Iglesia: nace del amor del Padre…, lleva en su ser la impronta de ese amor…, es la identidad de ella y de cada cristiano… El que entra en la corriente vive anunciando, invitando, creando Comunidad.

Es misión de Dios, no nuestra, centrada en Cristo y abarca toda la creación.

Sobrecoge la radical disponibilidad de S. Pablo ante la llamada del Señor (Hch 9,1ss y par.), entiende su vocación como una carrera (Hch 20,24; Flp 3,12ss y par.), y vivió toda su existencia «al aire del Espíritu» (RMi c.8), apremiado siem­pre por el amor de Dios (cf  2Cor 5,14).

 

 

11.- La Iglesia existe para evangelizar (Domingo, 12/11/17)

Toda la historia de la salvación –y en ella la de la Iglesia-, se convierte así en la historia de la vocación misionera que alcanza su plenitud en Jesucristo. Él funda la Iglesia para que continúe esta tarea, y derrama sobre ella su Espíritu, para que la guíe, fortalezca y acompañe. Así, la Iglesia, anunciando el reino de Dios, abre ante cada ser humano la perspectiva de ser “divinizado” y plenificado en su humanidad.

Hoy, en este «id» de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva «salida». Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar esta llamada: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.Esto es también el signo de que en el kairós actual del universo, la Palabra de Dios sigue resonando permanentemente, con el dinamismo de “salida” que Dios quiere provocar en los creyentes.

El Señor pide hoy a su Iglesia: que se convierta y se transforme en “la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan” (Eg, 24); que esté en permanente actitud de salida, que vaya siempre más allá, a todos los contextos que necesitan la luz de la Buena Nueva; y que llegue hasta las periferias donde los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio…

Cuando hablamos de periferias hay que abrir el abanico a las periferias geográficas: alejados, los que aún no conocen a Jesús, etc.; las periferias sociales: marginados, desgraciados, empobrecidos; las periferias humanas –enfermos, excluidos, marginados, solos…

La Iglesia representa la solidaridad de Dios que se involucra, se encarna, asume nuestra suerte y nuestra causa.

 

 

12.- La Iglesia llamada a involucrarse con la sociedad (Domingo, 19/11/17)

El Papa Francisco nos pide salir al encuentro de la carne sufriente de Cristo en la sociedad: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda la estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la auto-preservación (…). (que) la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad” (Eg, 27).

Además, esta vocación misionera de la comunidad local se ve hoy vigorizada con la urgencia y necesidad de la nueva evangelización. Ésta presenta nuevos desafíos misioneros:

– El primero, las personas bautizadas que no viven según sus exigencias bautismales ni mantienen una vinculación cordial con la Iglesia, y ante las cuales la comunidad debe mostrarse como madre; acercándose a ellas y tratando de que recuperen la alegría de la fe y el deseo de comprometerse con el Reino.

– Y el segundo, las personas que no conocen a Jesucristo o lo rechazan. Ante ellas, no podemos quedarnos en espera pasiva en el templo, hay que pasar a una pastoral activa y presente en medio de esos ambientes de crítica, rechazo e incluso de desprecio.

Una vez más el Señor nos llama para que “salgamos de nuestra tierra” y nos involucremos en la construcción de un mundo nuevo: donde reine el amor; donde la grandeza se muestre en la capacidad de hacerse pequeño, último y servidor de los demás; donde nadie llame propio a nada de lo que tiene; donde no haya marginados, ni empobrecidos, ni desgraciados; donde se haga realidad el Designio amoroso de Dios, su Reino de amor.

 

13.- La misión de la Iglesia expresa la solidaridad de Dios    (Domingo, 26/11/17)

Dios elige y consagra para que seamos el sacramento de salvación para todos los pueblos de la tierra. Para ello envía a Jesucristo que asume nuestra vida, la purifica, la consagra…, y la envía en su nombre, con su mismo programa y estilo. Todo es iniciativa, realización, misión y gloria de Dios que hace de nosotros, por Cristo, su sacramento de salvación universal.

Jesús es nuestra referencia. Debemos contemplarlo, para vivir en su nombre y colaborar con él en la realización del Proyecto salvador de su Padre Dios. Él se puso de modelo y referencia cuando lavó los pies a sus discípulos. El Señor, así, se involucra e involucra a los suyos: poniéndose de rodillas ante los demás para lavarlos. Por eso, al terminar dice a los discípulos: «Seréis felices si hacéis esto» (Jn 13,17).

Involucrarse es actualizar aquí y ahora la solidaridad de Dios mostrada en Jesús: una opción libre, comprometida y permanente, de compartir la suerte y la causa de todos los hombres –sin reduccionismos, sea por angelismo o por horizontalismo; asumiendo todas las dimensiones que conlleva una auténtica encarnación-, principalmente con los más pobres de la tierra: los que no tienen reconocida la dignidad humana y los derechos fundamentales, los que no tienen libre acceso al banquete de la vida: bienes materiales y espirituales.

La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás: achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo…

Los evangelizadores tienen así «olor a oveja»…, y éstas escuchan su voz… (cf Jn 10,1-16).

 

14.- Misionar es cumplir el programa de vida de Jesús  (Domingo, 3/12/17)

En Nazaret, Cristo proclama su programa de vida (Lc 4,18ss). Dios, en Cristo, se ha implicado y complicado para realizar su compromiso de salvación. Es su primera declaración mesiánica, a la que siguen los hechos y palabras mediante los cuales, Cristo hace presente al Padre entre los hombres.

Él, en nombre de Dios quiere asumir la suerte y la causa: de los pobres carentes de medios de subsistencia, de los privados de libertad, de los ciegos que no ven la belleza de la creación, de los que viven en aflicción de corazón o sufren a causa de la injusticia social, de los pecadores… Con relación a estos últimos especialmente, Cristo se convierte sobre todo en signo legible de Dios que es amor, se hace signo del Padre.

Jesús, con su estilo de vida y con sus acciones, ha demostrado cómo en el mundo en el que vivimos está presente el amor operante que se dirige al hombre y abraza todo lo que forma su humanidad. Este amor se verifica en el contacto con el sufrimiento, la injusticia, la pobreza; este amor lo compromete con el contacto con toda la condición humana histórica, que de distintos modos manifiesta la limitación y la fragilidad del hombre, bien sea física, bien sea moral; este amor lo lleva a comprometerse de manera integral con ese hombre concreto y necesitado, asumiendo su suerte y su causa, compadeciéndose y solidarizándose, sin echarse atrás ante nada, sin justificarse por nada…

Y en Lc 10,25-37 nos invita a que también nosotros hagamos de prójimo, a acercarnos, a salir al encuentro, de los «asaltados», los «ori­llados» del camino…Y que no se puede «dar rodeos» ni «pasar de largo», pues todos tenemos ­sólidas razones que nos justifican, sin embargo, no vale ninguna clase de excusas.

Es la dinámica de la “encarnación” (cf Mr 10,45; Flp 2,5ss; etc.): hacerse último con los últimos…, hacerse servidor de todos y con todo…, y hacerse ofrenda para florecer en ellos…Son las obras concretas la medida de lo cierto (cf Lc 7, 22-23; Jn 14,11; Sant 2,14-26)

 

15.-  Necesidad de evangelizar los desafíos actuales (Domingo, 10/12/17)

Nos planteamos algunos desafíos del mundo actual que están esperando una adecuada evangelización, que los cristianos nos involucremos: la mayoría de los hombres vive precariamente el día a día, con consecuencias funestas. Algunas patologías van en aumento: el miedo y la desesperación se apoderan del corazón de numerosas personas; la alegría de vivir frecuentemente se apaga; la falta de respeto y la violencia crecen; la inequidad es cada vez más patente; hay que luchar para vivir y, a menudo, para vivir con poca dignidad; se ha generado un cambio de época por los enormes saltos cualitativos, cuantitativos, acelerados y acumulativos que se dan en el desarrollo científico, en las innovaciones tecnológicas y en sus veloces aplicaciones en los campos de la naturaleza y de la vida; estamos en la era del conocimiento y la información, fuente de nuevas formas de un poder muchas veces anónimo.

La Misión precede a la Iglesia, que ha sido llamada para ir al mundo entero y proclamar el Evangelio (Mr 16,15) y “ay de mí si no evangelizare” (1Co 9,16), pero nos falta valorar nuestra fe, tener la convicción de que Cristo es el primer servicio que podríamos dar al hombre y a la humanidad… (RMi 2), el único Salvador (RMi, c.1), el que revela y posibilita al hombre su dignidad y el sentido de su existencia… (RMi 2).

Y solo si somos «contempladores» de Cristo, seremos «transmisores» de Cristo. Es imposible retener y contener la experiencia de fe. La misión es ser testigos de lo visto, oído y tocado, de lo experimentado. Nunca se debería de hablar de oídas…, nunca debería ser ideologizado… La experiencia de fe es el encuentro con Alguien, no con algo…

Jesucristo sigue presente, vivo, involucrado en la historia a través nuestra, y quiere «encontrarse» con los hombres de nuestro tiempo; o podemos mostrarles que está vivo, entre nosotros, por los frutos que genera en nuestra humanidad, o difícilmente sentirán interés por acercarse a la fe.

La mayor debilidad de la Iglesia hoy es la debilidad de nuestra fe, que hace que no testimoniemos al hombre de hoy a Cristo como Alguien actual, vivo, presente, que tiene todo que ver con nuestra persona, nuestra vida, y nuestra alegría…

16.- Qué conlleva la misión de involucrarse   (Domingo, 17/12/17)

Involucrarse es una llamada a superar la ambigüedad en nuestra vida: Dios no mira tanto “dónde estamos” sino “adónde orienta nuestra vida”, nos invita a la decisión, a la opción, a la definición de postura. La ambigüedad es la tentación de los anfibios, vivir saltando del agua a la tierra y viceversa. “No seremos felices mientras no dejemos realmente aquello a lo que hemos renunciado” (C. Rahner)… “Dejad toda carga inútil…” (Hbr 12,1). Se da la mano con la tibieza, la mediocridad… Se trata de dejar totalmente lo que hemos renunciado, y vivir plenamente aquello que hemos aceptado.

Involucrarse conlleva darle profundidad a nuestra vida: necesitamos adentrarnos en nosotros mismo para ser “el hombre interior” (cf Ef 3,16;) y así poder mejor interiorizar a Dios, al hermano, a los acontecimientos de la vida. Hoy se nos priva la capacidad de reflexión, se nos manipula, sin poder ser nosotros mismos, continuamente reclamados, motivados, crispados, aturdidos, imposible pararse, interiorizar… en definitiva, surge un hombre superficial… Estamos llamados a la profundidad de Dios desde nuestra profundidad, tenemos la altura de nuestra profundidad… “Con los ojos puestos en el que inicia y completa la fe…” (Hbr 12,2).

Involucrarse significa arriesgarlo todo por Cristo: “ellos, dejándolo todo, le siguieron” (cf Mt 3, 20.22). No se trata de “orillear”, hay que arriesgar, entrar en profundidad y en lejanía de toda seguridad. Jesús invita a Pedro a remar mar adentro y que eche las redes para pescar (cf Lc 5,4). Jesús, a la persona que llama, la invita a arriesgar su vida. Al principio tenemos muchas cosas (v.g.: salud, amigos, fuerza…), pero a lo largo de la vida se va quedando todo atrás hasta que solo queda Jesucristo. Cuando ya solo queda Jesucristo es cuando llega la segunda llamada a Pedro, la llamada a la santidad: “Pedro, ¿me amas?” (Jn 21,15ss), pues «¡Duc in altum!». “Ahora nos toca a nosotros…” (Cf Hbr 12,1).

17.- La misión de acompañamiento  (Domingo, 24/12/17)

Quien se revela no es un desconocido, sino un Dios paterno, ligado a una historia de amor y comprometido con una presencia benéfica, protectora: Yo, estaré siempre contigo…

El símbolo Alianza es el que le sirve para expresar sus relaciones personales con su pueblo elegido. Dios se compromete: a bendecirlo, a multiplicarlo a darle una tierra prometida…; a crear una comunión de vida solidaria, asumiendo su suerte y su causa…; y a mantener su alianza eternamente, a no retirarle su favor…

Será necesaria la escuela del desierto para acrisolar, fortalecer, madurar en la vivencia de la Alianza. Moisés será la permanente presencia de un Dios fiel, que acompaña respetando sus ritmos, sus tiempos, sus debilidades…

Los Profetas serán los centinelas de la Alianza, denunciarán su incumplimiento, consolarán anunciando la fidelidad del Señor, y restaurarán las bases de la Alianza.

Son innumerables los Salmos que cantan la permanente compañía salvadora de Dios, su acompañamiento providente.

Hasta que llegada la plenitud de los tiempos, Dios nos envió a su Hijo quien, tras enseñarnos pacientemente, poniéndose como ejemplo (Jn 13) y darnos el mandato de amar como él (Jn 13,34-35; 15,9-14) y de seguirle (cf Jn 14,6), nos asegura que siempre estará con nosotros (cf Jn 14,18ss), hasta la consumación de los tiempos (cf Mt 28,20).

Es la Iglesia la llamada a acompañar a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. La Iglesia sabe de esperas largas y de aguante apostólico. La evangelización tiene mucho de paciencia, y evita maltratar límites.

Un auténtico acompañamiento requiere espacio y tiempo: el espacio conlleva darle sitio a Dios en el corazón, mente y voluntad…; y el tiempo es el respeto a los ritmos y tiempos de maduración.

Acompañar pacientemente el ritmo de cada persona requiere: comprender, disculpar, justificar, excusar, perdonar…;  no juzgar ni condenar, ni  arrancar ni “pegar tirones”… ; esperar cuidando, abonando con el amor, confiando…; “Hasta que no llegue Pentecostés… hay que esperar”.

18.- El misionero tiene la escuela de Jesús   (Domingo, 31/12/17)

Jesús llama a los discípulos a la escuela evangélica (Mc 3,13-15): para que estuvieran con Él, para enseñarles, para darles poder, y enviarlos en su nombre –todo  en orden a la misión-.

Por eso, su escuela evangélica se forja viviendo en su compañía (cf Mr 3,14), conviviendo en el trato íntimo con él, siguiendo su ejemplo, acogiendo el poder y la fuerza del Espíritu que completará la obra… (Jn 13,14-15.34; 14,6; 15,12; 16,8-15).

En la escuela de Jesús hay tres claves: vivir siempre en Dios, vivir como Dios, vivir en la paz. Estas tres claves las desglosa Jesús en tres lecciones (cf Mt 11,28-30):

– El cansancio y el agobio vienen por vivir “como si Dios no existiera”…, y la medicina está en volvernos a Él, darle a Dios su sitio…

– El cansancio y el agobio son consecuencia de no seguir sus caminos…, y la medicina está en coger su método evangélico: la paciencia y la humildad de corazón, la obediencia

– El cansancio y el agobio son la expresión de nuestra falta de confianza…, y la medicina es la paz de quien pone su confianza en el Señor…

Jesús se identifica plena y totalmente con Dios que sigue actuando (cf Jn 5,17-17ss):

– «La voluntad de mi Padre es que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día» (Jn 6,39).

– «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8,12).

– «Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí no morirá para siempre…» (Jn 11,25-26)

– «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14,6)

En la escuela de Jesús hay tres valores esenciales que tienen que florecer en nuestra manera de ser y de actuar:

– La ternura, que es la medicina que necesita un mundo extenuado y abandonado (Mt 9,36).

– La paciencia, que es el método utilizado por un Dios que acompaña.

– La paz, que es el signo de confianza en el amor eterno de Dios.