19.- “Yo soy uno de ellos”   (Domingo, 7/1/18)

 

Con este lema iniciamos un proyecto de cuatro años para ayudar a padres, educadores y catequistas en la maravillosa tarea de desarrollar la dimensión misionera en la Iniciación Cristiana de los niños. Es poner en este itinerario una “música de fondo” que recuerde a los niños y formadores que esta experiencia de adhesión a Jesús en la Iglesia implica el reconocimiento de la universalidad. Es una de sus dimensiones esenciales, y no un simple “hacer algo bueno”: es ayudar a los niños a abrir su corazón a toda la humanidad, como hizo Jesús.

Hay que empezar reconociendo que en los planes de Dios no hay acepción de personas. Todos somos miembros de la familia humana, llamados a construir una sociedad más justa, a la vez que maduramos como personas. Se pretende mostrar que es malo trazar una raya imaginaria para separa los niños del Norte –que ayudan y, al haber recibido el Bautismo, tienen más garantías de ir al cielo-, de los del Sur –que aún no conocen a Jesús y además son tan pobres que les hemos de ayudar con nuestras limosnas-. Parece una caricatura, pero puede tener fundamento en la realidad.

Se trata de todo lo contrario. Todos somos hijos de un mismo Padre Dios y todos estamos llamados a la felicidad eterna. Los que conocemos a Jesús tenemos el deber de llevar a otros esta buena noticia y de ayudarles con nuestros bienes. Es lo que hacen los misioneros. Así, los niños van experimentando que el amor a los demás no es solo dar limosna, sino que lo primero y principal es aceptarlos, reconociéndolos como hermanos, y reconociendo que “Yo soy uno de ellos”. Es el momento de descubrir que la identidad personal es un don de Dios que asegura y garantiza la unidad, dentro de la diversidad.