«CAMBIA EL MUNDO»  

«CAMBIA EL MUNDO»

  CHARLA DE D. ANTONIO EVANS PARA LA PREPARACIÓN DEL MUNDO-2018

 

 

 

INTRODUCCIÓN:

  • Hace 99 años el planeta estaba convulsionado y Benedicto XV denunció proféticamente la necesidad de cambiar el mundo, cambiar los corazones, desde dentro:
  • Este fue el origen del nacimiento de las Obras Misionales Pontificias.
  • De aquí arranca la inquietud eclesial que llegará a florecer en el Concilio Vaticano II.
  • Siendo el decreto conciliar misionero Ad gentes, paradigma de la misión de la Iglesia.
  • En 1990, San Juan Pablo II, escribió la encíclica Redemptoris missio, especificando:
  • Que la animación misionera debe ser un elemento primordial de la pastoral ordinaria de toda la Diócesis (RMi 83).
  • Que la misión ad gentes “atañe a todos los cristianos, a todas las diócesis y parroquias, a las instituciones y asociaciones eclesiales” (RMi, 2)
  • En 2013, el papa Francisco, escribe la Exhortación apostólica Evangelii gaudium invitando, más aún, urgiendo a la Iglesia a una renovación profunda en el ámbito de la misión: nos llama a ser “discípulos misioneros”:
  • “Discípulos” es la condición esencial de quien se ha sentido llamado a tomar parte en el anuncio del Evangelio, movido por esa “pasión por Jesús” que es la misión. Este es, en definitiva, el mandato del Señor: “haced discípulos”.
  • A lo que hay que sumar la de ser “misioneros”, que no es un simple adjetivo de operatividad, sino la expresión de quien tiene “pasión por el pueblo” (cf Eg 268).
  • Esta es la dimensión cósmica y universal del anuncio de la Buena Nueva:
  • La necesidad de la renovación y conversión del corazón, que comporta una refundación, una recalificación según las exigencias del Evangelio.
  • Lo cual exige transformar los corazones esclavizados por el individualismo, el espiritualismo, el encerramiento en pequeños mundos, la dependencia, la instalación, la repetición de esquemas ya prefijados, el dogmatismo, la nostalgia, el pesimismo, el refugio en las normas…
  • El cambio que promueve el Domund nace del corazón donde ha entrado Dios:
  • Se vence el egoísmo, se deja de pensar solo en las necesidades propias y se comienza a pensar en las necesidades de los demás: Discípulo
  • Se sale de las cuatro paredes del confort, al mundo sin fronteras: Misionero

 

I.- LA VIDA ES UNA MISIÓN:

  • Cada persona esuna misión, es la razón por la que se encuentra viviendo en la tierra.
  • Atraídosy enviados son los dos movimientos que siente nuestro corazón:
  • Son las fuerzas interiores del amor que prometen un futuro, e impulsan hacia él.
  • La seducción del designio de Dios, y el envío a realizarlo.
  • Vivir con alegría la propia responsabilidad ante el mundo es un gran desafío.
  • .El hecho de estar en el mundo sin previa decisión nuestra, nos hace intuir que hay una iniciativa que nos precede y nos llama a la existencia.
  •   Cada uno de nosotros está llamado a reflexionar sobre esta realidad: «Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo» (Eg 273).

II.- OS ANUNCIAMOS A JESUCRISTO:

  • La Iglesia, anunciando lo que ha recibido gratuitamente (cf Mt10,8; Hch 3,6), comparte el camino y la verdad que conducen al sentido de la existencia en esta tierra.
  • Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros, se ofrece a nuestra libertad y la mueve a buscar, descubrir y anunciar este sentido pleno y verdadero.
  • No hay que tener miedo de Cristo y de su Iglesia. En ellos se encuentra el tesoro que llena de alegría la vida.
  • Gracias a la fe se encuentra el fundamento de los anhelos y la fuerza para realizarlos.
  • Se ve mucho sufrimiento, mucha pobreza, desfigurado el rostro de tantos hermanos…
  • Sin embargo, para quien está con Jesús, el mal es un estímulo para amar cada vez más.
  • Por amor al Evangelio, muchos hombres, mujeres y jóvenes, se han entregado a sí mismos, a veces hasta el martirio, al servicio de los hermanos.
  • De la cruz de Jesús aprendemos la lógica divina del ofrecimiento de nosotros mismos (cf 1Co1,17-25), como anuncio del Evangelio para la vida del mundo (cf Jn 3,16).
  • Estar inflamados por el amor de Cristo consume a quien arde y hace crecer, ilumina y vivifica a quien se ama (cf 2Co5,14).
  • Siguiendo el ejemplo de los santos, que nos descubren los amplios horizontes de Dios, os invito a preguntaros en todo momento: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?».

III.- TRANSMITIR LA FE HASTA LOS CONFINES DE LA TIERRA:

  • Por el Bautismo, somos miembros vivos de la Iglesia, y juntos tenemos la misión de llevar a todos el Evangelio.
  • Crecer en la gracia de la fe nos sumerge en una corriente de generaciones de testigos:
  • La sabiduría del experimentado se convierte en testimonio y aliento para los jóvenes.
  • Y los jóvenes se convierten en apoyo y esperanza para quienes están cerca de la meta.
  • En la convivencia entre los hombres de distintas edades, la misión de la Iglesia construye puentes inter-generacionales, en los cuales la fe en Dios y el amor al prójimo constituyen factores de unión profunda.
  • La misio ad gentes, la transmisión de la fe, su propagación, corazón de la misión de la Iglesia, se realiza:
  • Por atracción, por el “contagio” del amor, en el que la alegría y el entusiasmo expresan el descubrimiento del sentido y la plenitud de la vida.
  • Por expansión, pues exige corazones abiertos, dilatados por el amor. No se puede poner límites al amor: fuerte como la muerte es el amor (cf. Ct8,6).
  • Por el encuentro, el testimonio y el anuncio.
  • Por la caridad con todos los que están alejados de la fe y se muestran ante ella indiferentes, a veces opuestos y contrarios.
  • La misio ad gentes, la transmisión de la fe, su propagación, corazón de la misión de la Iglesia, busca “los confines de la tierra”, hacia donde sus discípulos misioneros son enviados, desde la Pascua de Jesús, con la certeza de tener siempre con ellos a su Señor (cf. Mt28,20; Hch 1,8):
  • Ambientes humanos, culturales y religiosos todavía ajenos al Evangelio de Jesús y a la presencia sacramental de la Iglesia.
  • La periferia más desolada de la humanidad necesitada de Cristo es la indiferencia hacia la fe o incluso el odio contra la plenitud divina de la vida.
  • Cualquier pobreza material y espiritual, cualquier discriminación de hermanos y hermanas es siempre consecuencia del rechazo a Dios y a su amor.
  • Los confines de la tierra son hoy muy relativos y siempre fácilmente “navegables”.
  • El mundo digital, las redes sociales, difuminan fronteras, borran límites y distancias, reducen las diferencias.
  • Parece todo al alcance de la mano, todo tan cercano e inmediato.
  • Sin embargo, sin el don comprometido de nuestras vidas, podremos tener miles de contactos, pero no estaremos nunca inmersos en una verdadera comunión de vida.
  • La misión exige el don de sí en la vocación que nos ha sido dada (cf Lc9,23-25).
  • Para un joven, lo esencial es la búsqueda y la adhesión a su propia vocación.

 

IV.- TESTIMONIAR EL AMOR:

  • Agradezco a todas las realidades eclesiales que posibilitan encontrar a Cristo vivo en su Iglesia: parroquias, asociaciones, movimientos, comunidades religiosas, y las distintas expresiones de servicio misionero.
  • Muchos encuentran en el voluntariado misionero una forma para servir a los “más pequeños” (cf Mt25,40), promoviendo la dignidad humana y testimoniando la alegría de amar y de ser cristianos.
  • Estas experiencias eclesiales hacen que la formación de cada uno no sea solo una preparación para el propio éxito profesional, sino el desarrollo y el cuidado de un don del Señor para servir mejor a los demás.
  • Estas formas loables de servicio misionero temporal son un comienzo fecundo y, en el discernimiento vocacional, pueden ayudaros a decidir el don total de vosotros mismos como misioneros.
  • Las OMP nacieron con la finalidad de animar el anuncio del Evangelio a todas las gentes, contribuyendo al crecimiento cultural y humano de tanta gente sedienta de Verdad.
  • La oración y la ayuda material, dadas y distribuidas por las OMP, sirven a la Santa Sede para procurar que quienes las reciben para su propia necesidad puedan, a su vez, ser capaces de dar testimonio en su entorno.
  • Nadie es tan pobre que no pueda dar lo que tiene, y antes incluso lo que es. Me gusta repetir la exhortación que dirigí a los jóvenes chilenos:
  • «Nunca pienses que no tienes nada que aportar o que no le haces falta a nadie: Le haces falta a mucha gente y esto piénsalo.
  • Cada uno de vosotros piénselo en su corazón: Yo le hago falta a mucha gente».
  • El próximo octubre misionero será una nueva oportunidad para hacernos discípulos misioneros, cada vez más apasionados por Jesús y su misión, hasta los confines de la tierra.

V.- VIVAMOS LA COOPERACIÓN MISIONERA CON EL OCTUBRE MISIONERO:

  • Orando, la oración es el “alma” de la misión: arrebata, urge y capacita…:
  • Necesitamos un nuevo Pentecostés que nos impregne de urgencia misionera.
  • Acentuar la primacía de la gracia, la capacidad nos viene de Dios
  • Necesidad de potenciar la oración, los sacramentos… como medios de santificación
  • Asumiendo la sabiduría de la cruz, la dinámica de la encarnación, la kénosis…:
  • Con las graves y sangrantes dificultades externas: pobreza, guerra, explotación.
  • Con las dolorosas dificultades internas: secularismo, división, apatía, indiferencia…
  • Con la globalización multiétnica, multicultural, multireligiosa…
  • Construyendo solidariamente el “banquete de la vida”, comunidad de bienes…:
  • No es dar un donativo, es realizar la misión universal encomendada a toda la Iglesia.
  • Es la visibilización de la opción preferencial por los más pobres, lejanos
  • Desde una vivencia de comunión de bienes.
  • Se entregaron en persona primero al Señor y luego a nosotros… (2Co 8,5):
  • Respondiendo, primero, a la voluntad de Dios (2Co 8,5).
  • Después, a los retos geográficos, sociales y culturales…
  • Conscientes de que “nadie puede eludir este deber supremo…” (RMi 3).
  • Teniendo como programa de vida el programa de Jesús, la evangelización.