4.- Semana de oración por las misiones (Domingo, 28/09/15)

4.- Semana de oración por las misiones  (Domingo, 28/09/15)misionesnuevo3

Comenzamos hoy la celebración del Octubre Misionero como preparación para la celebración del Año Santo de la Misericordia. Un Año para vivir en la vida de cada día la misericordia que desde siempre el Padre nos dispensa. Dejémonos sorprender por Dios. Él nunca se cansa de destrabar la puerta de su corazón para repetir que nos ama y quiere compartir con nosotros su vida.

Con el lema “Misioneros de la misericordia”, la Iglesia siente la urgencia de anunciar la misericordia de Dios, se siente enviada a ello. Su vida es auténtica y creíble cuando con convicción hace de la misericordia su anuncio. Ella sabe que la primera tarea, sobre todo en un momento como el nuestro, lleno de grandes esperanzas y fuertes contradicciones, es la de introducir a todos en el misterio de la misericordia de Dios, contemplando el rostro de Cristo.

La Iglesia está llamada a ser el primer testigo veraz de la misericordia, profesándola y viviéndola como el centro de la Revelación de Jesucristo. Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia. Esta fuente nunca podrá agotarse, sin importar cuántos sean los que a ella se acerquen. Cada vez que alguien tenga necesidad podrá venir a ella, porque la misericordia de Dios no tiene fin. Tan insondable es la profundidad del misterio que encierra, tan inagotable la riqueza que de ella proviene.

En este Año Jubilar la Iglesia debe convertirse en el eco de la Palabra de Dios que resuena fuerte y decidida como palabra y gesto de perdón, de soporte, de ayuda, de amor. Nunca debe cansarse de ofrecer misericordia y de ser siempre paciente en confortar y perdonar. La Iglesia debe hacerse voz de cada hombre y mujer, y repetir con confianza y sin descanso: «Acuérdate, Señor, de tu misericordia y de tu amor; que son eternos» (Sal 25,6).

       Dediquemos esta primera semana del Octubre Misionero a sintonizar con el corazón de Dios y hacerle llegar a Dios el clamor de los pobres. Oremos por ellos, para ellos. Una oración humilde, confiada y perseverante. La oración es nuestra riqueza. Se necesita a Dios «no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos» (Hch.4,12).