MISIÓN AD GENTES: 2008-2009

 

Dimensión antropológica de la misión

14/Marzo/2010

 

 

 

 Ciertamente que descubrimos cómo cada persona tiene en su interior una fuerza que tiende hacia Dios; más aún, también experimentamos cómo es este Dios quien sale primero al encuentro, en cada lugar y circunstancia, del hombre. Por todo ello, estamos obligados a valorar y respetar las diversas culturas como la realidad propia del modo de ser y de vivir de cada pueblo. Dios ha depositado en el interior del hombre una “capacidad” para encontrarse con Él.

Uno de los fundamentos claves de la evangelización es el reconocimiento de que el hombre camina a la búsqueda de Dios: “en lo más profundo del corazón del hombre está el deseo y la nostalgia de Dios.” El hombre busca un absoluto que sea capaz de dar respuesta y sentido a toda su existencia.

Con todo, para la fe cristiana no es el hombre quien busca a Dios, sino que es Dios sale primero al encuentro del hombre, quien busca al hombre. El encuentro de Dios con el hombre tiene su origen en el Dios que toma la iniciativa y se hace humano en Jesús. Una “encarnación” que, día a día, sigue concretándose en la realidad social y cultural de cada persona que acepta la Buena Noticia de la Salvación.

Así pues, se entiende por “inculturación” el proceso mediante el cual el Dios de Jesús se sigue ‘encarnando’ en las diferentes culturas: alentando así todo lo que es reflejo del rostro paterno de Dios y transformando desde dentro todo lo que no es reflejo del amor de Dios. La inculturación asume todos los valores humanos auténticos, purificándolos del pecado que es oposición al amor de Dios.

 

 

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