MISIÓN AD GENTES: 2008-2009

 

El misionero siente pasión por el Reino de Dios y su justicia

21/Marzo/2010

 

 

 

 El misionero es consciente de que la misión de la Iglesia es un servicio a la instauración del Reino de Dios, aunque, a veces, nos cueste entender que el Reino lo construye Dios y el Espíritu de Jesús y no nuestras actividades. Nuestra participación en la misión de Dios para establecer el Reino, y en concreto nuestra propia misión como Iglesia, nos lleva a la contemplación del misterio de Dios.

Se trata de descubrir en nosotros y en los demás la presencia divina, de ahí que necesitemos una conversión cada vez más profunda a los valores del Reino: a una percepción de Dios como amor sin condiciones y sin límites que se realiza, ante todo, en los excluidos; a un amor por todos los seres humanos a quienes percibimos como verdaderos hermanos, y a una fe y esperanza plenas de que el Reino está ya realizándose y de que llegara a su plenitud.

También nos llama a la humildad, a ser servidores de un misterio que no poseemos ni dominamos pero al que, a veces, intentamos controlar colocándonos en situaciones de pretendido poder.

El Reino, que es ante todo acción de Dios, es también respuesta a su llamada, volviéndonos a Él con amor y fidelidad, contemplando su misterio, compartiendo nuestra vida en comunión con los demás y promoviendo la justicia con el servicio y la entrega de nosotros mismos.

 

 

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