MISIÓN AD GENTES: 2008-2009

 

Necesidad de caminar al ritmo de su pueblo

28/Marzo/2010

 

 

El misionero, cuando se inserta de verdad en un pueblo, lo cual implica actitudes y tiempo, participa también de su espiritualidad. No podemos olvidar que la humanidad forma una gran comunidad, guiada por el Espíritu, y en la cual el Espíritu actúa en la diversidad de pueblos y culturas generando una admirable comunión.

La espiritualidad del misionero debe alimentarse del caminar espiritual de los pueblos en los que se inserta, de la realidad histórica que le desafía y le estimula a la vez. El lugar de su vida y de su misión es el pueblo que Dios ha elegido como destinatario de su Reino. Ser misionero es, ante todo, dejarse evangelizar y participar de la experiencia que ese pueblo va teniendo de Dios. El misionero se hace compañero de camino de ese pueblo.

En ese caminar lento tantas veces, el misionero aprende al ir al ritmo del pueblo, y con su presencia estimulante garantiza los procesos de iniciación y maduración en la fe. El misionero con prisas, sin posibilidad de detenerse, que va corriendo a todas partes, que se mueve de un lado a otro con un arsenal de medios y de recursos, no al alcance de la gente, es incapaz de descubrir ni las semillas del Verbo, ni la acción de Dios, ni escuchar los gritos y susurros del Espíritu.

 

 

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