22.- NECESIDAD DE UNA NUEVA EVANGELIZACIÓN QUE DESPIERTE LA ESPERANZA (26-01-2025).

Colaboración semanal en clave misionera de Don Antonio Evans Martos, Delegado misiones en Córdoba. España (curso 2024-25).
Como parte de la preparación para el Gran Jubileo del Año 2000, san Juan Pablo II convocó cinco Sínodos especiales de Obispos para considerar la situación de la Iglesia católica en cada uno de los cinco Continentes: África, América, Asia, Oceanía y Europa.
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Los Sínodos desarrollaron respuestas a los desafíos de santidad, evangelización y servicio que enfrenta la Iglesia en cada Continente en este hito de la historia. Los Sínodos prepararon a la Iglesia para el año 2000 y el tercer milenio promoviendo una “nueva evangelización” que despertara la esperanza.
El Sínodo de Europa se llevó a cabo durante el 1 al 23 de octubre de 1999 con el lema : “Jesucristo, vivo en su Iglesia, manantial de esperanza para Europa”. Ya en la homilía de la Misa de apertura, San Juan Pablo II lanzaba una llamada a una “vigorosa esperanza”. Y el mensaje final del Sínodo, centrado en “el Evangelio de la esperanza”, vino a confirmar que ese había sido el espíritu que había reinado durante toda la Asamblea:
La profundización en el tema de la esperanza fue desde el principio el objetivo principal del II Sínodo de Europa, analizando la situación de la Iglesia en ella y ofreceindo indicaciones para promover un nuevo anuncio del Evangelio, como subrayó san Juan Pablo II en la convocatoria que anunció públicamente el 23 de junio de 1996, al final de la Eucaristía celebrada en el Estadio Olímpico de Berlín.
Ciertamente que los trabajos de grupo pusieron bien en claro que el contexto de la misión en Europa hoy es el de una crisis de la fe. En efecto, en el transcurso de los últimos años, las sociedades han sufrido una fuerte secularización. Sin embargo, a pesar de los numerosos aspectos negativos que presenta la situación de Europa, no conviene tener una visión pesimista de las cosas, ya que, por otro lado, se comprueba, un poco por todas partes, una fuerte demanda de fe. Asimismo, parece más justo interpretar esta situación de crisis como un signo, una invitación a aunar las energías de las comunidades cristianas para hacer renacer la verdadera esperanza.
Así, en el transcurso del Sínodo, paulatinamente se fue notando un gran impulso hacia la esperanza. Aun aceptando los análisis sobre la complejidad que caracteriza el Continente, los Padres sinodales se han percatado de que, tal vez, lo más crucial, en el Este como en el Oeste, es su creciente necesidad de esperanza que pueda dar sentido a la vida y a la historia, y permita caminar juntos. Por ello, todas las reflexiones del Sínodo se han orientado a dar respuesta a esta necesidad, partiendo del misterio de Cristo y del misterio trinitario. El Sínodo ha presentado de nuevo la figura de Jesús, que vive en su Iglesia y es revelador del Dios Amor, que es comunión de las tres Personas divinas.

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