39.-LA ORACIÓN COMO PRINCIPIO Y FUNDAMENTO DE LA ESPERANZA (18-05-2025).
Colaboración semanal en clave misionera de Don Antonio Evans Martos, Delegado misiones en Córdoba. España (curso 2024-25).

Es necesario celebrar el Evangelio de la esperanza, porque es anuncio de la verdad que nos hace libres (cf. Jn 8,32). Orando, la Iglesia escucha a su Señor y lo que le dice el Espíritu, y ella le adora, le alaba, le da gracias e invoca su llegada, “¡Ven, Señor Jesús!” (cf. Ap 22,16-20), afirmando así que solo de Él espera la salvación.
En la oración la Iglesia descubre la presencia vivificante del Señor y, enraizando en Él cada una de sus acciones, puede proponer a los hombres el encuentro con Él mismo, esperanza verdadera y la única forma de satisfacer plenamente el anhelo de Dios escondido en las diversas formas de búsqueda religiosa que retoñan hoy.
Hoy hay signos que ayudan a perfilar el rostro de una Iglesia que, creyendo, anuncia, celebra y sirve a su Señor: no faltan ejemplos de cristianos que viven momentos de silencio contemplativo, participan fielmente en iniciativas espirituales, viven el Evangelio en su existencia cotidiana y dan testimonio de él en los diversos ámbitos en que se mueven. Se pueden entrever, además, muestras de una “santidad de pueblo”, que manifiestan cómo en la sociedad actual es posible vivir el Evangelio no solo en la esfera personal sino también como una auténtica experiencia comunitaria.
Pero hay también en la sociedad actual una religiosidad vaga y, a veces, desencaminada: sus manifestaciones son frecuentemente genéricas y superficiales, en ocasiones incluso contrastantes en las personas mismas de las que proceden. Hay fenómenos claros de fuga hacia el espiritualismo, el sincretismo religioso y esotérico, una búsqueda de acontecimientos extraordinarios a todo coste, hasta llegar a opciones descarriadas, como la adhesión a sectas peligrosas o a experiencias pseudorreligiosas.
Ese deseo difuso de alimento espiritual ha de ser acogido con comprensión, y purificado. Al hombre que se percata, aunque sea confusamente, de no poder vivir solo de pan, la Iglesia ha de presentarle de modo convincente la respuesta de Jesús al tentador: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4).
En el contexto de la sociedad actual, cerrada con frecuencia a la trascendencia, sofocada por comportamientos consumistas, presa fácil de antiguas y nuevas idolatrías y, al mismo tiempo, sedienta de algo que vaya más allá de lo inmediato, a la Iglesia le espera una gran tarea: descubrir el sentido del «misterio»; renovar las celebraciones litúrgicas para que sean signos más elocuentes de la presencia de Cristo, el Señor; proporcionar nuevos espacios para el silencio, la oración y la contemplación; y, sobre todo, volver a los Sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Penitencia, como fuente de libertad y de nueva esperanza.
UNA LISTA DE TODOS LOS MENSAJES MISIONEROS DEL 2024-2025.
Don Antonio Evans Martos. Delegado Episcopal de Misiones en Córdoba-España.

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