44.-SERVIR AL HOMBRE EN LA SOCIEDAD DESPIERTA ESPERANZA.

44.-SERVIR AL HOMBRE EN LA SOCIEDAD DESPIERTA ESPERANZA (29-06-2025).

Colaboración semanal en clave misionera de Don Antonio Evans Martos, Delegado misiones en Córdoba. España (curso 2024-25).

-En primer lugar se pide a toda la Iglesia que dé nueva esperanza a los pobres. Acogerlos y servirlos significa acoger y servir a Cristo (cf. Mt 25,40). El amor preferencial a los pobres es una dimensión necesaria del ser cristiano y del servicio al Evangelio. Amarlos y mostrarles que son los predilectos de Dios, significa reconocer que las personas valen por sí mismas, cualesquiera que sean sus condiciones económicas, culturales o sociales en que se encuentren, ayudándolas a valorar sus propias capacidades.


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-Es preciso también dejarse interpelar por el fenómeno del desempleo. A esto se añaden, además, los problemas relacionados con los crecientes flujos migratorios. Se pide a la Iglesia hacer presente que el trabajo es un bien del cual toda la sociedad debe hacerse cargo. Reiterando los criterios éticos que han de regir el mercado y la economía, respetando escrupulosamente el puesto central del hombre, la Iglesia no dejará de intentar el diálogo con las personas responsables, tanto en el ámbito político, como sindical y empresarial.

-Se ha de promover también convenientemente la pastoral de los enfermos. Teniendo en cuenta que la enfermedad es una situación que plantea cuestiones esenciales sobre el sentido de la vida, en una sociedad de la prosperidad y la eficiencia, en una cultura caracterizada por la idolatría del cuerpo, por la supresión del sufrimiento y el dolor y por el mito de la eterna juventud: promover una presencia pastoral en los lugares del dolor, mediante los capellanes, asociaciones de voluntariado, instituciones sanitarias, y el apoyo a las familias de los enfermos; estar al lado del personal médico y auxiliar para apoyarlo en su vocación al servicio de los enfermos, pues a ellos también se les pide que den a los pacientes una ayuda espiritual especial, que supone el calor de un auténtico contacto humano.

Finalmente, no se ha de olvidar que a veces se hace un uso indebido de los bienes de la tierra. Al descuidar su misión de cultivar y cuidar la tierra con sabiduría y amor (cf. Gn 2,15), el hombre ha devastado en muchas zonas bosques y llanuras, contaminado las aguas, hecho irrespirable el aire, alterado los sistemas hidrogeológicos y atmosféricos y desertificado grandes superficies. También en este caso, servir al Evangelio de la esperanza quiere decir empeñarse de un modo nuevo en un correcto uso de los bienes de la tierra, llamando la atención para que, además de tutelar los ambientes naturales, se defienda la calidad de la vida de las personas y se prepare a las generaciones futuras un entorno más conforme con el proyecto del Creador.