42.-EL DÍA DEL SEÑOR.

42.-EL DÍA DEL SEÑOR (15-06-2025).

Colaboración semanal en clave misionera de Don Antonio Evans Martos, Delegado misiones en Córdoba. España (curso 2024-25).

El día del Señor –como ha sido llamado el domingo desde los tiempos apostólicos- ha tenido siempre, en la historia de la Iglesia, una consideración privilegiada por su estrecha relación con el núcleo mismo del misterio cristiano. En efecto, el domingo recuerda, en la sucesión semanal del tiempo, el día de la resurrección de Cristo. Es la Pascua de la semana, en la que se celebra la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, la realización en él de la primera creación y el inicio de la «nueva creación» (cf 2Cor 5,17). Es el día de la evocación adoradora y agradecida del primer día del mundo y a la vez prefiguración, en la esperanza activa, del «último día», cuando Cristo vendrá en su gloria (cf Hch 1,11; 1Tes 4,133-17) y «hará un mundo nuevo» (cf Ap 21,5).


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Para el domingo, pues, resulta adecuada la exclamación del Salmista: «Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo» (Sal 118,24).

  • Esta invitación al gozo, propio de la liturgia de Pascua, muestra el asombro que experimentaron las mujeres que habían asistido a la crucifixión de Cristo cuando, yendo al sepulcro «muy temprano, el primer día después del sábado» (Mc 16,2), lo encontraron vacío.
  • Es una invitación a revivir, de alguna manera, la experiencia de los dos discípulos de Emaús, que sentían «arder su corazón», mientras el Resucitado se les acercó y caminaba con ellos, explicando las Escrituras y revelándose «al partir el pan» (cf Lc 24,32.35).
  • Es el eco del gozo, primero titubeante y después arrebatador, que los apóstoles experimentaron la tarde de aquel mismo día, cuando fueron visitados por Jesús resucitado y recibieron el don de su paz y de su Espíritu (cf Jn 20,19-23).

El día del Señor es un momento paradigmático y sumamente evocador en la celebración del Evangelio de la esperanza. Sin embargo, En el contexto actual, diversas circunstancias hacen difícil que los cristianos vivan plenamente el domingo como día del encuentro con el Señor. No es raro que se reduzca a un simple “fin de semana”, a un tiempo de mera evasión. Hace falta, pues, una acción pastoral articulada en el ámbito educativo, espiritual y social, que ayude a vivir su sentido genuino.

Renuevo, por tanto, la invitación a recuperar el sentido más profundo del día del Señor:

  • Para que sea santificado con la participación en la Eucaristía y con un descanso lleno de fraternidad y regocijo cristiano.
  • Para que se celebre como centro de todo el culto, preanuncio incesante de la vida sin fin, que reanima la esperanza y alienta en el camino.

Por eso no se ha de tener miedo a defenderlo contra toda insidia y a esforzarse por salvaguardarlo en la organización del trabajo, de modo que sea un día para el hombre y ventajoso para toda la sociedad.

En efecto, si se priva al domingo de su sentido originario y no es posible darle un espacio adecuado para la oración, el descanso, la comunión y la alegría, puede suceder que “el hombre quede cerrado en un horizonte tan restringido que no le permite ya ver el cielo”. Entonces, aunque vestido de fiesta, interiormente es incapaz de «hacer fiesta». Y sin la dimensión de la fiesta, la esperanza no encontraría un hogar donde vivir.

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